Jorge Morillo: trabajador de dios y símbolo de esperanza
<<Me encanta mi vocación. Lo que me hace darle sentido a mi vida. Mi trabajo es mi vida y también es yo mismo. Estuve tuve que hacerlo y lo sigo haciendo por necesidad.
Trabajo con los pobres de los pobres de Sevilla, específicamente con los niños. A causa de mi trabajo, soy una persona publica y popular en la comunidad. Siempre estoy hablando con la gente, compartiendo mi historia y explicando lo que hago.
Durante los 26 últimos años de los 54 que tengo, y todavía hoy, he hecho el mismo trabajo casi cada día. Mi quehacer diario es buscar comida, ropa, y juguetes para los niños y después, traérselo todo a ellos y jugar al fútbol con ellos. Fue mi idea jugar fútbol con los niños y no ir haciendo catequesis a casa por casa como me proponía el cura con el que empecé trabajar en Granada. Yo venía del mundo del fútbol, así que me puse a jugar con los niños al fútbol.
Jugando fútbol les enseña reglas y normas, y es como trabajar con un equipo. Tienen objetivos y tienen que luchar para lograrlos. Y esos conceptivos de un partido de fútbol los relacionan con sus vidas en general. Es muy importante crear un medio ambiente feliz para ellos. En las calles los niños están contentos porque es donde viven, de manera que jugamos allí. Los niños siempre están mirando y escuchando todo a su alrededor. Son esponjas. Por eso, trato de traer algo feliz y seguro con reglas concreta y mostrar que hay gente que se preocupa por ellos, especialmente cuando muchas veces no tienen padres.
En el centro de mi trabajo con los niños está educación. Ahora trabajo con 300 y pico niños de seis barrios marginales de Sevilla; Tres Mil Viviendas, El Vacie, Torreblanca, y la barriada de Cerro Blanco. La educación, para los niños, representa un futuro y una manera de mejorar sus vidas. Representa esperanza. Sus conocimientos son suyos y nadie puede quitárselos. El conocimiento es más importante que las cosas materiales en el mundo, más fuerte, y más personal. Crea una oportunidad en que pueden tener orgullo de sí mismos.
Mi madre me enseñó mucho que me impactó y que está en el trabajo que hago hoy. Me enseñó que todo el mundo es bueno. Eso creo, y es algo fundamental en mi vida. Otra cosa que aprendí de mi madre es que nunca estoy por encima de ni por debajo de nadie. Cada persona merece respeto. Yo no vengo de una familia tradicional y hemos vivido una vida muy sencilla. Mi madre es minusválida. El padre de mi padre era un hombre que por las curcunstancias fue alcohólico y vivió en la calle, así que su familia nunca tenía dinero y tampoco la mía.
Nunca he tenido cosas materiales, y todavía esas cosas no me importan para nada. El dinero no trae la felicidad. Ya tengo todo lo que necesito en mi vida: familia, dios, fútbol, y los niños. Nada más. Soy perfectamente feliz con esas cosas. Aunque no tengo dinero, uso mi inteligencia y lo que tengo para servir de crecimiento de los demás.
Aunque no vengo de una familia religiosa, yo soy un católico practicante. Mi religión y relación con dios es algo mío. Solo después de pasar por un semanario teólogia en Granada cuando tenía 22 años empece a ser un hombre de religión. Trabajar para dios es una manera de vida para mi. Todo que hago para los niños es, esencialmente, por dios. Aunque tiene mucha importancia en mi vida, nunca hablo de mi religión con los niños porque es algo personal y pienso que es posible vivir una vida muy buena sin la religión católica.
Es mi trabajo inculcar en ellos esperanza. Vivo para mi trabajo. Para mi es muy sencillo, como todo en mi vida; mi trabajo es un proyecto de dios.>>
